Tancar el mar

Tancar el mar

Cerrar el mar es similar a poner “puertas al campo” o a vaciar el océano con los cuencos de las manos. No se puede poner límite a lo extenso. La obra de Anna Comellas  hace del límite  una reflexión constante  y lo hace creando recorridos imaginarios, dibujando geografías desconocidas en las que traza mapas, indica caminos, insinúa senderos. Los surcos que se encuentran en toda su obra, indican la dualidad de las dos orillas, las partes confrontadas y necesarias de los márgenes de los ríos,  la armonía de los contrarios son un pretexto para que la autora incorpore la noción de límite. Esa noción se encuentra incluso en la mixtura de materiales diversos que conviven en una misma obra y que pueden ir desde la sutileza del papel japonés  a la dureza maleable del plomo. El dialogo entre los límites se encuentra en la misma constitución de sus obras que están en la frontera-límite entre las dos y las tres dimensiones, entre la pintura y la escultura. Estar “entre” es diferente del simplemente estar.

Las obras de Anna Comellas están sacralizadas  por la geometría del cuadrado, que en ocasiones esta presente en sus formatos y en ocasiones  pasa a ser parte constitutiva de la obra. Esta forma pura se encuentra  aquí en la llamada: No hi ha temps. Una obra única compuesta por cinco partes y en las que en el interior de un cuadrado grabado sobre hierro se percibe el relieve sutil de las olas del mar. Los límites ya mencionados  aparecen frecuentemente en la obra de Anna Comellas, por un lado la presencia rigurosa de la geometría junto a la expresividad sentimental del cuadrado del que se derivan, entre otros, los teoremas geométricos de Tales que son el origen mismo de la capacidad humana por medir y calcular, por establecer los límites de las sombras y la periodicidad de los eclipses que tanto han contribuido al desarrollo de nuestra capacidad de construir la perfección y por otro lado la infinitud no sometida del mar, todo aquello que se escapa entre los dedos, lo que no se deja comprender.(...)

Jesús Martinez Clarà

"Mar cuadrado"